Las oficinas actuales se han convertido en espacios más abiertos, colaborativos y flexibles. Sin embargo, el nuevo modelo de trabajo ha supuesto un desafío que muchas empresas siguen a subestimando: la acústica.

Un espacio visualmente atractivo puede convertirse en un entorno de trabajo incómodo si no se adecua acústicamente el ruido. Conversaciones constantes, llamadas, reverberaciones y falta de privacidad pueden afectar directamente al desarrollo de trabajo y bienestar de los empleados.

Estos son los errores más habituales:

1. Diseñar espacios abiertos sin un tratamiento acústico

Los entornos abiertos fomentan la colaboración, pero también la propagación de ondas sonoras. Al no existir elementos absorbentes, el ruido se expande por toda la oficina, dificultando la productividad.

Como medida de solución es incorporar elementos acústicos que ayuden a controlar la reverberación sin perder estética visual del espacio.

2. Pensar únicamente en la estética

Muchos proyectos priorizan los materiales como cristal, hormigón, cerámica o superficies lacadas por su apariencia moderna. El problema de dichos materiales que es que reflejan el sonido, en vez de absorberlo. Como resultado suele ser una oficina visualmente espectacular, pero incómoda acústicamente. El diseño y la funcionalidad deben trabajar juntos para crear espacios equilibrados.

3. Considerar la acústica un valor añadido y no parte del diseño

La acústica suele abordarse cuando el problema ya existe en el espacio. Sin embargo, las mejores soluciones son aquellas que se implementan desde la fase de inicio de un proyecto.

Actualmente existen paneles decorativos, elementos suspendidos como lámparas acústicas, biombos, separadores que permiten el tratamiento acústico mejorar el confort sonoro del espacio, y al mismo tiempo, aportar identidad visual al espacio. La acústica no es cuestión técnica; forma parte de la experiencia que una empresa ofrece a sus empleados, clientes y visitantes.